viernes, 2 de agosto de 2013









De sabores eternos que trascienden el tiempo y el espacio.
De caricias que trastocan el alma y cicatrizan la piel disuelta en la no materia.
De juegos y perjuicios que nos roban la vida.
De todos y de todo, del absurdo del día a día..
Una vez más, tú, tú. Tú, tú, tú y tú.


Incrédula


Marta aleja las tijeras y decide que mirar a través de la ventana resulta más cautivador que ver su sangre brotar lentamente. Quizás es que aquel rojo delicado resbalando sobre su piel se ha tornado rutinario, casi absurdo. No es que Marta no haya sentido la vida alguna vez; sino todo lo contrario, sentir de más le paralizó una vez el corazón.
Así es que ella observa con profunda atención ello que la hizo desistir de su tan presumible y monótono corte de textura, sobre los poros que respira la cubierta de su nítido cuerpo.
Cuando decide que sabe cuál es la respuesta, ya sin titubeos; contempla ahora lo que a la vista ese paisaje entre pinos le brinda. Pero Marta regresa a sus pensamientos, a su desmarañada hiladera de ideas.
-Es más fácil siempre estar triste- dice para sí.
-He de salir de esta trampa, trama de vidas cruzadas, interconectadas-, individualizando su existencia y por tanto, confundiendo el sentido de muchas, muchas otras cosas que Marta por tiempo intenta encontrar.
No se negó Marta a ningún amor, no se negó tampoco a los calores que la noche en ocasiones sudorosa la dejó. Tampoco nunca se negó a salir lastimada por quien la respiración le robó. Y sin embargo Marta también sufrió, sus lágrimas de fuego a sus ojos les costó.
¿Por qué Marta? ¿Por qué ella si nunca la cobardía le ganó?
Crédula o no, la vida a veces por sí sola pesa.






ESOTERISMO